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Los reportajes sobre la presencia de maíz transgénico
en lugares remotos del sur de México provocaron alarma
cuando se conoció por primera vez la noticia en septiembre
de 2001 (Dalton,
2001), y cuando se publicó el correspondiente
estudio científico en noviembre (Quist
and Chapela, 2001).
Estos informes despertaron preocupación porque el
sur de México es un centro de diversidad genética
para el maíz y no se conocen los efectos de los transgenes
sobre la diversidad genética de una especie. Si en
una especie de cultivo se produjera una reducción
considerable de la diversidad genética, podría resultar
afectada la capacidad de los fitomejoradores de responder
a condiciones futuras, como los cambios de la temperatura,
la sequía o las infestaciones por plagas.
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Algunos aspectos de la diversidad genética de características
de la mazorca y del grano encontradas en el maíz mexicano.
Foto: CIMMYT
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Con el fin de proteger sus ricos recursos genéticos de
razas criollas (variedades autóctonas) y parientes silvestres
del maíz, México estableció en 1998 una moratoria para el
cultivo de maíz transgénico. Si bien México todavía importa
anualmente una gran cantidad de productos de maíz de Estados
Unidos, de los cuales un gran porcentaje son transgénicos,
está prohibida la siembra de semilla genéticamente modificada
(GM).
En esta sinopsis examinaremos
(1) lo que informaron los
investigadores de la Universidad de California en Berkeley,
David Quist e Ignacio Chapela, junto con los resultados
de las otras investigaciones en la región que se
iniciaron más tarde
(2) las críticas a ese
estudio
(3) las implicaciones
del flujo de transgenes hacia las variedades criollas del
cultivo.
Vea la
información básica adicional sobre el maíz mexicano.
¿Qué informaron Quist y Chapela?
La investigación de Quist y Chapela se concentró en mazorcas
de maíz autóctono recogidas en campos remotos en el estado
de Oaxaca. Se tomaron seis muestras de dos localidades y
otra muestra más de tiendas locales del organismo gubernamental
de alimentos subsidiados. Con propósitos de comparación,
también se incluyeron en el estudio dos muestras que se
sabía que estaban exentas de GM y dos muestras que se sabía
que contenían transgenes. Los autores extrajeron ADN de
todas las muestras y luego usaron métodos basados en la
reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para detectar
y amplificar fragmentos de ADN asociados con transgenes,
pero no presentes en el maíz autóctono. Otras investigaciones
por organismos gubernamentales han empleado métodos
parecidos para analizar muestras recogidas en los estados
de Puebla, Guerrero, y Michoacán además de
investigaciones repitidas en el estado de Oaxaca. (Se describe
la técnica de la PCR en el sitio web Access Excellence,
http://www.accessexcellence.org/AB/IE/PCR_Xeroxing_DNA.html).

Zona de México donde los investigadores
recolectaron variedades criollas de maíz.
Fuente del mapa:
Ezcurra et al., 2002, and Ortiz-García
et al., 2005
Se detectó el ADN transgénico en quatro de
las seis muestras que han recogido Quist y Chapela. En 2001
unos organismos gubernamentales hicieron más investigactions
de 19 localidades en el estado de Oaxaca y dos localidades
en el estado de Puebla. Se detectó el ADN transgénico
en las dos muestras de Puebla y también en 18 de
las 19 muestras de Oaxaca. Se indican por puntos lavandas
en el mapa de arriba las localidades donde se recogieron
las muestras de Oaxaca y de Puebla en 2001.
Se indican por puntos rojos en el mapa de arriba las localidades
donde se recogieron 17 muestras en el estado de Guerrero
en 2002. Se indican por puntos verdes las localidades donde
se recogieron 20 muestras en el estado de Michoacán
en 2003. No se detectó el ADN transgénico
en ninguna de estas muestras. En 2003 y en 2004 se recogieron
muestras en la misma región de Oaxaca donde se encontró
el maíz transgénico en 2001. No se detectó
el ADN transgénico en ninguna de 16 muestras que
se recogieron en 2003 o en 16 muestras que se recogieron
en 2004. Se indican por puntos azules en el mapa de arriba
las localidades donde se recogieron estas muestras. Son
muy cerca unos del otros las localidades de 2001, 2003,
y 2004 y por eso se colocan parcialemente los puntos unos
sobre otros.
Son dos las principales conclusiones del artículo de Quist
y Chapela: que se detectó ADN transgénico en razas criollas
mexicanas de maíz y que el transgén se había desplazado
en el genoma del maíz y se había reinsertado en distintas
localizaciones cromosómicas. Se explica esto en las secciones
siguientes.
(A) Detección de ADN transgénico
Los autores buscaron tres fragmentos específicos de ADN
transgénico en sus análisis mediante la PCR:
- el promotor 35S del virus del mosaico de la coliflor
(CaMV 35S), que actúa como una llave de activación y desactivación
de los transgenes en la mayoría de las variedades GM.
- el gen cryIAb, que codifica una proteína insecticida
encontrada en muchas variedades Bt.
- la secuencia de terminación nos, usada para marcar
el fin de un transgén.
(Véase en ¿Cómo se hacen
las plantas transgénicas? los detalles sobre la construcción
de un transgén).
Se detectó la secuencia CaMV 35S en cuatro de las seis
muestras de variedades criollas, se encontró la secuencia
nos en dos muestras y la secuencia cryIAb en una sola muestra.
Según los autores, también se observaron estas secuencias
en las muestras GM conocidas, pero no se encontraron las
secuencias en las muestras no GM conocidas.
(B) Pruebas del desplazamiento del transgén en el genoma
Quist y Chapela realizaron la PCR inversa (iPCR) para examinar
las regiones a cada lado del ADN del CaMV 35S y, de ese
modo, determinar dónde se había integrado el ADN transgénico
en el genoma. Sobre la base del descubrimiento de que se
obtuvieron en las pruebas varias secuencias diferentes de
ADN, los autores concluyeron que el constructo transgénico
era capaz de integrarse en el genoma en múltiples sitios,
ya fuera durante el episodio de transformación original
o durante la recombinación genética que tiene lugar cada
vez que se produce una semilla. Esta afirmación es importante
porque, si el promotor 35S del CaMV se desplazara por el
genoma, podría activar genes que normalmente no están activos
y desactivar otros que son necesarios para el crecimiento
y el desarrollo normales.
Véase una explicación
más detallada de los métodos y resultados de Quist y
Chapela.
Respuesta al artículo de Quist
y Chapela
El trabajo de Quist y Chapela tuvo amplia difusión en
los medios y estimuló solicitudes de nuevas restricciones
para los cultivos GM. El Instituto de Políticas sobre Alimentos
y Desarrollo (Alimentos Primero) emitió una declaración
conjunta pidiendo numerosas medidas a las organizaciones
internacionales (http://www.foodfirst.org/progs/global/ge/jointstatement2002.html),
y grupos mexicanos y Greenpeace han solicitado que se interrumpan
las exportaciones de maíz GM a México (http://www.greenpeaceusa.org/media/press_releases/2002/04242002.htm).
Además, el trabajo estimuló un intenso escrutinio científico
y críticas detalladas de los métodos e interpretaciones
del estudio (Christou,
2002; Kaplinsky
et al., 2002; Metz
y Futterer, 2002). Los principales elementos de las
críticas son los siguientes:
1) La metodología, los resultados y la interpretación
de los experimentos con la iPCR son defectuosos.
2) La afirmación de que los transgenes se dispersan por
el genoma no tiene precedentes y los autores interpretaron
incorrectamente las conclusiones de un estudio anterior
para apoyar sus resultados.
3) No se efectuaron pruebas de confirmación de los resultados
obtenidos con la PCR usando otras técnicas moleculares.
Véase información
más detallada sobre estas críticas.
En una refutación de estas críticas, Quist
and Chapela (2002) reconocieron una posible interpretación
equivocada de algunos de los resultados obtenidos con la
iPCR. Sin embargo, mantuvieron sus conclusiones originales,
incluida la afirmación de que el transgén se redistribuye
en el genoma. Aportaron nuevos datos para confirmar la presencia
del promotor 35S del CaMV en las muestras, pero un árbitro
de publicaciones de Nature se rehusó a considerar concluyente
esta nueva evidencia. Esto condujo a una insólita nota editorial
en la edición de Nature del 11 de abril. La nota señala
que son insuficientes las pruebas presentadas en el trabajo
original para justificar su publicación, pero que, como
los autores desean mantener sus conclusiones originales,
la revista dejará que los lectores juzguen por sí mismos
la calidad científica.
Conclusiones e implicaciones
La primera conclusión de Quist y Chapella de que el
ADN transgénico está presente en las razas criollas de maíz
oaxaqueño es ciertamente plausible, dada la importación
en gran escala de maíz estadounidense. Ya sea que Quist
y Chapela hayan probado o no en forma concluyente ese punto,
muchos científicos concuerdan en que no sólo es posible
sino también probable que se produzca maíz transgénico en
México. La moratoria mexicana se aplica únicamente a la
siembra de maíz GM, no a su venta o consumo como alimento.
En consecuencia, los agricultores mexicanos pueden comprar
granos de maíz para usarlo como alimento y, en cambio, sembrarlos;
se supone que esto es lo que han hecho algunos agricultores
(Mann,
2002b). Además, los granos de maíz que caen de los camiones
que transportan el maíz importado con frecuencia germinan
a lo largo de los caminos. Si bien este maíz adaptado a
Estados Unidos no estaría muy adaptado a las condiciones
de cultivo en el sur de México, es probable que por lo menos
parte de él sobreviva hasta el desprendimiento del polen.
Por consiguiente, es muy posible que algunos maizales mexicanos
contengan maíz transgénico. Los estudios de seguimiento
efectuados por dos laboratorios del gobierno mexicano encontraron
pruebas de la presencia del promotor 35S del CaMV en el
12% de las plantas de las muestras provenientes de 20 localidades
de Oaxaca y el estado vecino de Puebla (Mann,
2002a).
La Comisión para la Cooperación Ambiental,
una comisión colectiva de los Estados Unidos, de
México y de Canadá, recomendó en 2004
que México prevenga la cultivación del maíz
transgénico, por ejemplo, por moler el maíz
importado en la frontera para que no se puedan sembrar los
granos, o por iniciar una campaña para informar a
los agricultores que el maíz distribuido por Diconsa
contenga materiales transgénicos y que no deben sembrarlo
(Comisión
para la Cooperación Ambiental, 2004).
La segunda conclusión de Quist y Chapela, de que el transgén
insertado es capaz de desplazarse por el genoma, ya sea
intacto o en fragmentos, es más polémica. Muchos miembros
de la comunidad científica concuerdan en que la afirmación
acerca de la redistribución del transgén no está apoyada
por pruebas en este momento.
Especialmente sorprendente es el carácter encarnizado del
debate en la controversia actual sobre los cultivos GM (Mann,
2002a). Según una declaración conjunta difundida por
Alimentos Primero, http://www.foodfirst.org/progs/global/ge/jointstatement2002.html,
Quist y Chapela son el blanco de una campaña difamatoria
orientada a desacreditar a científicos disidentes. La declaración
sostiene que las técnicas "intimidatorias" usadas contra
Quist y Chapela son promovidas por la industria de la biotecnología
y los académicos en favor de esa industria. Por otra parte,
los críticos del trabajo de Quist y Chapela han acusado
a los autores y a sus defensores de ser fanáticos opositores
a los cultivos GM, que no se basan en métodos científicos
sólidos (Kaufman,
2002).
Casi perdida en el debate ha estado una discusión de los
efectos que el ADN transgénico puede tener sobre la diversidad
genética, si de hecho ese ADN está presente en las razas
criollas mexicanas. Algunos puntos que hay que tener en
cuenta en relación con este aspecto son:
- Lejos de ser reservorios genéticos primitivos y estáticos,
las razas criollas de maíz prosperan con la incorporación
de genes provenientes de las parcelas vecinas, con lo cual
se crea una mezcla continuamente cambiante de variación
genética. Los agricultores seleccionan de las razas criollas
de sus campos las características que quieren conservar
(como el tamaño de la mazorca, el color y la textura del
grano, la madurez y la estatura de la planta) (Louette,
1997), pero las mazorcas seleccionadas por lo general
retienen algunos de los genes recientemente adquiridos mediante
la polinización cruzada.
- Se han recolectado extensamente semillas de razas criollas
mexicanas de maíz, que han sido almacenadas en bancos nacionales
e internacionales de germoplasma, una práctica conocida
como conservación "ex situ". Sin embargo, esta estrategia
no es perfecta ni completa porque no toda la variación genética
de una raza criolla es capturada en una colección limitada.
En consecuencia, la conservación "in situ" (estimulando
el cultivo continuo de razas criollas en sus lugares de
origen) es considerada una estrategia auxiliar útil, pero
difícil.
- Si bien la presencia de ADN transgénico en las razas
mexicanas es un motivo de preocupación, no está claro si
esto afectará a la diversidad genética ni cómo lo hará,
porque es incierto que el gen Bt confiera una ventaja competitiva
en los entornos mexicanos.
- Además de la introgresión en el campo, otro motivo de
preocupación es que el ADN transgénico pueda estar presente
en los bancos internacionales de semilla. Hasta el 3 de
mayo de 2002, los científicos del Centro Internacional de
Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) habían examinado 152
razas criollas mexicanas, ya sea de su banco de germoplasma
o recientemente recolectadas por su personal. No detectaron
la presencia de la secuencia CaMV 35S, el promotor más comúnmente
usado en las variedades de maíz transgénico, y, por lo tanto,
se supone que esos materiales están exentos de elementos
GM (http://www.cimmyt.cgiar.org/).
Reflexión final
La reducción de la diversidad genética de los recursos genéticos
de los cultivos es un problema serio, cualquiera que sea
la causa. El posible efecto de los transgenes sobre las
razas criollas en sus centros de diversidad es una inquietud
válida que requiere investigación y vigilancia. Ya sea que
partes del estudio de Quist y Chapela tuvieran o no defectos
técnicos, concentraron la atención en un problema importante,
que merece un cuidadoso análisis y evaluación.
Otros vínculos
El Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo
(CIMMYT), http://www.cimmyt.cgiar.org/,
ha publicado una serie de declaraciones y análisis acerca
de la presunta presencia de ADN transgénico en razas criollas
mexicanas.
Information Systems for Biotechnology New Reports (http://www.isb.vt.edu/news/prev_issues.cfm#2002).
Aparecen artículos sobre este tema en los números de marzo
y mayo de 2002.
La publicación Agrichemical and Environmental News de la
Universidad Estatal de Washington ha presentado un análisis
de este tema en su edición de mayo de 2002, http://aenews.wsu.edu.
El Centro para Investigaciónes sobre el Desarrollo
Internacional ha publicado un artículo sobre el esfuerzo
para conservar la diversidad del maíz en México.
http://www.idrc.ca/books/reports/2000/14-01s.html
Véase un informe por la Sociedad Anónima
Australiana para Transmisión en http://www.abc.net.au/science/slab/mexicanmaize/
Los transgenes en razas criollas mexicanas, análisis
de datos y el impacto potencial.
http://www.biotech-monitor.nl/4910.htm