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La transferencia horizontal y la
resistencia a los antibióticos
| El empleo de marcadores
de la resistencia a los antibióticos en el desarrollo
de cultivos transgénicos ha despertado inquietudes
acerca de la posibilidad de que los cultivos transgénicos
se conviertan en un factor que provoque la pérdida
de nuestra capacidad de tratar las enfermedades
con medicamentos antibióticos. El público ha sido
sensibilizado a este peligro por los informes de
que algunos de los antibióticos que usamos han perdido
su eficacia después de años de abuso de su empleo,
debido a su prescripción excesiva por parte de los
médicos y al uso indebido por los pacientes. Las
empresas de cría de animales como los corrales de
engorde y los establecimientos avícolas ordinariamente
usan, a menudo en forma excesiva, antibióticos como
parte de sus regímenes de alimentación o tratamiento,
lo cual ha generado la publicidad acerca de las
consecuencias del difundido empleo excesivo de estas
defensas contra la enfermedad. |

Antibióticos.
Foto: www.molbio.princeton.edu
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Se puede ver un ejemplo de las investigaciones sobre
este problema en http://bric.postech.ac.kr/science/97now/01_12now/011219c.html.
Un comité consultivo to Health Canada has submitted
proposals (http://www.hc-sc.gc.ca/vetdrugs-medsvet/amr/e_policy_dev.html#AMR
Report ) for reducing the risk of overuse. Un artículo
por Levy
(1998) en Scientific American, "The Challenge of
Antibiotic Resistance" ["El reto de la resistencia a
los antibióticos"], examina muchas facetas de la resistencia
a los antibióticos.
En varias etapas del proceso de laboratorio, quienes
desarrollan cultivos transgénicos emplean ADN que codifica
para la resistencia a ciertos antibióticos y este ADN
a menudo se convierte en una característica permanente
del producto final, a pesar de que no sirve para ningún
propósito más allá de la etapa en el laboratorio. ¿Contribuirán
los alimentos transgénicos a agravar los problemas existentes
en relación con la resistencia a los antibióticos?
Una de las preocupaciones se vincula con el riesgo
de transferencia horizontal de genes, es decir, la transferencia
de ADN de un organismo a otro fuera de la vía de progenitores
a descendientes. La transferencia de un gen de la resistencia
proveniente de un alimento transgénico a los microorganismos
que normalmente habitan nuestra boca, estómago e intestinos,
o a bacterias que ingerimos junto con los alimentos,
podría ayudar a que esos microorganismos sobrevivan
a una dosis oral de un medicamento antibiótico.
La transferencia horizontal de ADN sí se produce en
ciertas condiciones naturales. Pequeños fragmentos de
ADN llamados plásmidos se trasladan desde E. coli a
varios otros organismos, mientras que Agrobacterium
tumefaciens facilita la transferencia horizontal
de ADN para producir la enfermedad conocida como agalla
de la corona en las plantas. En condiciones de laboratorio,
la transferencia horizontal de ADN se produce con muy
poca frecuencia, por ejemplo en el caso de Acinetobacter,
una bacteria transmitida por el suelo y el agua (Gebhard
y Smalla, 1998), Streptococcus gordonii,
que causa caries dentales e infección de las válvulas
cardíacas (Mercer
et al., 1999), y Aspergillus niger, un hongo
que se utiliza para producir el ácido cítrico usado
en las bebidas no alcohólicas (Hoffmann
et al., 1994).
No se sabe si se podría presentar con frecuencia una
transferencia de ese tipo en el medio especial del tracto
gastrointestinal del hombre.
Investigadores de la Universidad de Newcastle han
informado que microorganismos presentes en el sistema
digestivo humano adquirieron un gen de resistencia a
herbicidas después de que los sujetos humanos ingirieron
una comida preparada con soya GM. El experimento fue
pequeño e incluyó a 12 personas con sistemas digestivos
intactos y a siete que habían sido sometidas a colostomías,
en las cuales se habían retirado partes del intestino
grueso. En las personas con sistemas digestivos intactos,
no se encontró ADN GM en las heces y ningún microorganismo
adquirió ADN GM. Sin embargo, en las personas que habían
sido sometidas a colostomías, alrededor del 4% del ADN
GM sobrevivió al viaje a través del reducido tracto
intestinal y una pequeña cantidad de microorganismos
adquirió ADN GM. El ADN GM en este experimento fue un
gen de resistencia a los herbicidas y no un gen de resistencia
a los antibióticos, pero los resultados indican que
se puede producir la transferencia horizontal de ADN
GM en el tracto digestivo humano bajo ciertas circunstancias.
Hay informes sobre este experimento en http://www.newscientist.com/news/news.jsp?id=ns99992565
y http://www.guardian.co.uk/gmdebate/Story/0,2763,756666,00.html.
Se puede ver un informe por los investigadores de la
Universidad de Newcastle en http://www.food.gov.uk/multimedia/pdfs/gmnewcastlereport.PDF.
La parte que pertenece a esto experimento empieza en
la página 22 del informe.
Hay varias circunstancias que pueden impedir el éxito
de la transferencia. El medio ácido del estómago degrada
el ADN. Mercer
et al. (1999) encontraron que el ADN se degradaba
en 30 segundos cuando se lo mezclaba con la saliva humana
y ácido clorhídrico para simular las condiciones del
estómago humano. Si bien algunos organismos aceptan
ADN extraño en ciertas circunstancias, muchos organismos
tienen mecanismos que destruyen el ADN extraño que ingresa
sin ser invitado.
Algunos científicos piensan que la transferencia con
éxito de ADN proveniente de plantas transgénicas no
se produce con frecuencia suficiente para ser detectable
o causar problemas de salud a los seres humanos. No
obstante, no se conoce la tasa real de transferencia
en condiciones naturales a causa de la falta de investigaciones
sobre esta circunstancia particular. La UE ha encargado
a científicos que evalúen el riesgo de transferencia
horizontal de genes provenientes de alimentos genéticamente
modificados (http://europa.eu.int/comm/research/quality-of-life/gmo/04-food/04-07-project.html).
Una segunda inquietud generada por el empleo de genes
de la resistencia a los antibióticos es que algunos
genes de la resistencia (aunque no todos) actúan mediante
la producción de una enzima que destruye o desactiva
el antibiótico en cuestión. Si ese gen de la resistencia
continúa funcionando cuando ya ha pasado su etapa de
utilidad en el laboratorio, podría producir cantidades
bajas de enzima de la resistencia en partes de la planta
que ingerimos. Si bien las temperaturas elevadas del
procesamiento desactivarían la enzima en los alimentos
preparados, la ingestión de alimentos transgénicos crudos
o frescos podría provocar que el estómago contuviera
una pequeña cantidad de una enzima que desactiva una
dosis oral del antibiótico. ¿La persona que toma antibióticos
recetados pondrá en peligro el éxito del tratamiento
cuando ingiera un alimento transgénico?
La FDA afrontó este problema en 1993 cuando consideró
si debía o no aprobar el tomate FlavrSavr de Calgene,
que contenía un gen de la resistencia a la kanamicina,
la neomicina, la gentamicina A y la gentamicina B, antibióticos
que se usan algunas veces para combatir infecciones
en el hombre. En las pruebas de la FDA usando una simulación
del estómago humano, la enzima era degradada por los
ácidos estomacales antes de que pudiera atacar al antibiótico
administrado por vía oral. Se puede consultar un informe
de la evaluación de la FDA en http://bm.cfsan.fda.gov/~dms/opa-armg.html.
Desplácese hacia abajo hasta el "Appendix 1. Evaluation
of the safety of the kanamycin resistance gene as a
selectable marker" ["Apéndice 1. Evaluación de la inocuidad
del gen de la resistencia a la kanamicina como marcador
seleccionable"], donde encontrará un análisis de los
resultados de la FDA.
El maíz Bt 176 de Ciba-Geigy también contenía un gen
de la resistencia a un antibiótico usado en el tratamiento
de enfermedades del hombre. La ampicilina, miembro de
la familia de las penicilinas, es uno de los antibióticos
recetados con más frecuencia, que a menudo se usa para
combatir infecciones del oído, la vejiga y los riñones.
Se incorporó en el maíz Bt 176 el gen de la resistencia
a la ampicilina de tal modo que fuera activo sólo en
organismos procarióticos, como las bacterias. Esta característica
lo hacía útil para las etapas tempranas de desarrollo
del cultivo. El gen no actuaba en organismos eucarióticos,
o plantas "superiores", como el maíz. Las pruebas demostraron
que no se producía ninguna proteína desactivadora de
la ampicilina en las plantas de maíz que contenían el
gen, por lo cual la presencia del gen de la resistencia
no fue considerada un problema cuando en 1995 el maíz
Bt 176 pasó por el proceso de aprobación en Canadá y
los Estados Unidos. Se pueden ver los detalles concernientes
a los transgenes en el Bt 176 y los factores considerados
para aprobar el empleo del gen de la resistencia a la
ampicilina en el sitio del USDA (http://www.aphis.usda.gov/biotech/dec_docs/9431901p_det.HTM)
en el caso del proceso estadounidense, y en el informe
de la Agencia Canadiense de Inspección de los Alimentos
(http://inspection.gc.ca/english/plaveg/pbo/dd/dd9609e.shtml)
en el caso del proceso canadiense. (Se interrumpió la
producción del Bt 176 en 2001 por razones no relacionadas
con el gen de la resistencia a la ampicilina. Vea más
información en nuestra página sobre Productos
transgénicos cuya producción ha sido suspendida.)
Para obtener más información sobre el posible riesgo
causado por genes de la resistencia a los antibióticos,
vea el informe de 2002 de la Real Sociedad, "Genetically
modified plants for food use and human health-an apdate"
["Las plantas genéticamente modificadas que se usan
como alimentos y la salud humana: Una actualización"]
(http://www.royalsoc.ac.uk/files/statfiles/document/165.pdf).
Si bien parecen ser escasos los riesgos generados
por genes de la resistencia a los antibióticos presentes
en plantas transgénicas, se están tomando medidas para
reducir el riesgo y excluir gradualmente el empleo de
esos genes.
- La FDA recomienda que quienes desarrollan cultivos
transgénicos usen antibióticos que comúnmente no se
emplean para el tratamiento de enfermedades en los
seres humanos. Por consiguiente, si se produce la
transferencia horizontal de genes, no es probable
que los microorganismos presentes en el cuerpo hayan
adquirido resistencia a los antibióticos que pudiera
recetar un médico para combatir la infección.
- Los científicos están modificando sus métodos de
desarrollo. Otros genes marcadores, como la proteína
fluorescente verde o manosa (Joersbo
et al., 1998), tal vez puedan cumplir la función
que han llevado a cabo los marcadores de la resistencia
a los antibióticos.
- Los científicos también están experimentando con
métodos para eliminar los genes de la resistencia
a los antibióticos antes de que las plantas sean lanzadas
para uso comercial (Dale
y Ow, 1991; Ebinuma
et al., 1997; Iamtham
y Day, 2000; Zuo
et al., 2001), de tal modo que se puedan usar
estos genes durante el desarrollo y luego eliminarlos
del producto final.
- Los científicos europeos han desarrollado un método
para desactivar los genes de la resistencia a los
antibióticos si ocurra la transferencia horizontal
(Libiakova
et al., 2001). Se introduce un segmento específico
de ADN al gen de la resistencia a los antibióticos.
Este segmento impide al gen funcionar dentro de las
bacterias. El gen funciona en las plantas porque ellas
cortan el segmento específico.
La posibilidad de un incremento de la resistencia
a los antibióticos en el suelo es también un tema de
interés en relación con el empleo de estos marcadores.
Vea nuestro
análisis para más información.
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